domingo, 11 de enero de 2015

MEMORIAS DE UN TAXISTA: HUGUITO CHÁVEZ.

Eran alrededor de las 10 de la noche, hacía frío y la neblina te abofeteaba la cara. Por cosas del destino me encontraba en otra ciudad, no me había dado tiempo de regresar a la mía, varios taxis pararon a la señal que les hacía con el dedo, sin embargo, no me inspiraron confianza y me quede esperando a algún otro. Me dispuse a caminar por la carretera, empecé a patear latas de refrescos que había en la calle, con las manos en el bolsillo de mi suéter. Cuando creí que simplemente tendría que caminar por algunas horas hasta mi casa, paso un taxi, ya no me importo si me inspiraba confianza o no, le hice la seña con el dedo para que parara, habiéndolo echo me subí y agradecí a Dios por haber encontrado un último “salvador”. 

El taxi era un modelo spark 2000 color rojo, o por lo menos eso fue lo que pude identificar, me percaté también que tenía un fresco olor a pino, me gustó. El taxista parecía ser un hombre bastante agradable, no me dio ningún sentimiento de maldad, así que me acomodé en el asiento y empecé a inundarme en mis propios pensamientos, sin embargo, no duré mucho en ello, el taxista me empezó a hablar y duramos como 20 minutos charlando de distintas cosas hasta que me hizo una pregunta que me dejo reflexionando y, cuya respuesta me dejaría aún más ensimismado. 

– ¿Sabes cómo se conocieron Hugo Chávez y Maradona? – Me preguntó y luego al ver mi rostro desubicado continuó – Ellos dos se conocieron porque Huguito Chávez tiene un serio problemas de drogas, Chávez lo envió a Cuba a una clínica de desintoxicación y, allí también estaba el ex futbolista Maradona, el resto como quién dice, es historia. 

– No lo hubiese imaginado – le dije mientras analizaba aquello – me podría hablar más sobre el hijo de Chávez y su problema. 

– Por supuesto, te seguiré contando – me contestó muy gentilmente con una sonrisa – yo trabajé en la casona, estuve muy cerca de todos ellos, una vez lo vi tomar la espada de Bolívar y ponerse a cortar monte con ella, fue en uno de esos arranques de drogadicción, también tenía la costumbre de gritarle y maltratar a todos empleados, especial mente las femeninas. 

–Sinceramente nunca me puse a indagar sobre él – le contesté como quién ha ignorado algo importante – que irónico todo esto. 

– ¿Nunca te has puesto a pensar por qué solo las hijas están en la vida política? – Me preguntó reflexivamente – solo las hijas dan la cara públicamente cuando se supone que siempre es el hijo varón quién sigue el legado del padre, él no da la cara, porque se expondría a los medios y muchos se darían cuenta de su problema de drogadicción. 

La conversación con el taxista continuó un rato pero sin decir más cosas importantes, esa era la esencia de toda la charla, luego nos pusimos a hablar de otras cosas, sin embargo, todo eso me dejo pensando mucho, si fue cierto que jugó así con la espada de Bolívar, me parece una falta de respeto, de igual modo esto solo pudiese ser un rumor, no hay manera de probarlo, el taxista nunca me quiso decir que cargo tenía allí, solo me comentó que tuvo muy malas experiencias, al final llegué a mi casa, me baje del taxi y me despedí… 


Por: @TheRed_Shadow