miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mi amigo César Miguel

Para empezar a escribir sobre mi amigo César Miguel Rondón debo empezar hablándoles de mi abuela materna.


Mi abuela era antiadeca, antiadeca, antiadeca. Si ella quería insultar a alguien, le decía “adeco”. Para ella, todo lo malo que pasaba en Venezuela era culpa de los adecos. Y como no pasaban muchas cosas malas en aquellos tiempos, absurdidades como que el Samán de Güere se secó por culpa de ellos, las decía con absoluta propiedad. Cuando a mi abuelo le dio un infarto que lo tuvo al borde de la muerte, la promesa que hizo como devota católica fue que no hablaría mal de Rómulo Betancourt si mi abuelo se salvaba. Imagínense lo que le costaría.

Esto se los cuento como preámbulo para decirles que si alguien tan fanáticamente antiadeco le daba crédito a un adeco, era por una razón de absoluto peso. Pues bien, para mi abuela había solo “tres adecos honestos”: Andrés Eloy Blanco, gran amigo de la familia, Raúl Leoni y César Rondón Lovera, el padre de mi amigo César Miguel.

César Rondón Lovera y su mujer, Roselena Tejeda, estuvieron exiliados en México. Por eso César Miguel nació allá. Eso no le quita ser venezolano por nacimiento. Increíble que uno tenga que aclarar estas cosas. Sus padres, unos jóvenes y valientes militantes y convencidos demócratas, tuvieron que huir, como muchos, de un régimen autoritario, intolerante y déspota.

En México compartieron de cerca con Andrés Eloy Blanco y su familia. El poeta del pueblo venezolano” iba a ser el padrino de César Miguel, cuando perdió la vida en un accidente automovilístico. Lo sustituyó su hijo, el pediatra Luis Felipe Blanco, un niño en aquel momento, pero a través de quien los Rondón rindieron homenaje al padre fallecido.

No puedo decir que me sorprendió el oficio de Conatel. Todos los que opinamos en este país lo hacemos a pesar de Conatel. Lo que sentí fue asco, un sentimiento que cada día se me hace más familiar en este país. Mi amigo César Miguel escribió que “la libertad es una fiesta”, aquí lo que tenemos es un velorio. Un velorio de la democracia y de los valores.

A mi amigo César Miguel no le pueden perdonar que no sea un sigüí del régimen. No le pueden perdonar que sea exitoso, que su voz sea la más reconocida en todo el país. No le pueden perdonar que su opinión tenga el peso que tiene. Y es que el respeto se gana, no se decreta, ni se ordena, ni se impone.

A mi amigo César Miguel no le pueden perdonar que su programa tenga mayor audiencia que cualquier otro programa. No le pueden perdonar que haya tenido una trayectoria limpia, brillante y trabajada. No le pueden perdonar su inteligencia. Por eso lo atacan. Por eso inventan. Por eso lo difaman. Pero insulta quien puede, no quien quiere.

Mi amigo César Miguel todas las mañanas dicta cátedra de buen periodismo. La admiración que suscita se la ha ganado a pulso. No solo es un excelente periodista. Es un gran conocedor de los ritmos afro caribeños, un maravilloso escritor y un dedicado padre de familia.

Conatel podrá censurar el programa de mi amigo César Miguel, pero nunca podrá callar su voz. Porque su voz es la voz que nunca se calla, es la voz de la democracia, la voz de la libertad.

Mi amigo César Miguel ha vivido de acuerdo a la máxima que su padrino designado recogió en estos maravillosos versos:

Madre, si me matan,
ábreme la herida, ciérrame los ojos
y tráeme un pobre hombre de algún pobre pueblo,
y esa pobre mano por la que me matan
pónmela en la herida por la que me muero

Andrés Eloy Blanco, Canto de los hijos en marcha

Mi amigo César Miguel, recibe el apoyo solidario de quienes te conocemos, te admiramos y te queremos.

CAROLINA JAIMES BRANGER  @cjaimesb